
Aunque actualmente no tenemos pruebas
arqueológicas que demuestren que los
vikingos estuvieron en la
península ibérica, existen pruebas
documentales que lo afirman. Según ellas, los
vikingos no sólo bordearon la península y llegaron hasta la costa africana, sino que realizaron diversas incursiones en el interior de Iberia.
Alrededor del año 844 llegaron a
Galicia, tierra que llamaron
Jakobsland (tierra de Santiago), donde recibieron una gran resistencia. Continuaron hacia el sur, saqueando
Lisboa,
Sevilla y
Cadiz. Finalmente decidieron volver a su tierra al recibir una amarga derrota por parte de un ejército musulmán.
No se tiene constancia de nuevas incursiones nórdicas hasta el año 859, cuando un ejercito liderado por
Hastein y
Bjorn Costado de Hierro, fueron más allá, llegando hasta la costa africana, Islas Baleares y la costa sudeste de Francia. Invernaron en
Camarga (Francia).
Con la llegada del buen tiempo decidieron volver a casa, no sin antes atacar
Pamplona y aprisionar a su gobernador
Garcia Iñiguez, el
cual liberaron por el pago de 70.000 dinares.
Pero, como he dicho al inicio del artículo, sólo hay referencias
documentales de la época y no pruebas
arqueológicas. Pero un pequeño y precioso objeto ha sobrevivido a los siglos que nos separan de esa
época. Y lo más curioso es que, durante la mayor parte del tiempo no ha permanecido bajo tierra, sino en un museo.
La cajita vikinga de la Basílica de San Isidoro de León

En 1990 vino a España el historiador Eduardo Morales Romero (autor del libro "Historia de los
vikingos en España") acompañado de dos colegas de profesión del Museo de barcos
vikingos de
Roskilde,
Jan Skamby y
Keld Hansen.
Su misión era encontrar en nuestro país cualquier objeto o prueba de la estancia o el paso de
vikingos por nuestro país.
Después de un tiempo, cuando los dos
historiadores daneses pensaban que su viaje había sido en vano, se llevaron una grata sorpresa al visitar el Museo de la Basílica de San
Isidoro de León.
En una de las vitrinas, observaron un pequeño objeto, de una calidad artística enorme y que sin duda para ellos, se trataba de un objeto de la era
vikinga.
Se trataba de una pieza
cilínd
rica en forma de cajita de unos 4,5 cm por 3,3 cm, hecha de un material óseo, que en un primer momento se creía que se trataba de marfil y posteriormente se demostró que estaba hecho de asta de reno.
Los
historiadores reconocieron su estilo artístico como el de
Mammen, estilo que tiene como característica principal los motivos de varios animales "
desconocidos" entrelazados entre sí en forma de espiral con un extremo más reconocible que puede tratarse de la cabeza de un pájaro.
Esta cajita, desde ese momento, se convertía en única y excepcional por su valor artístico, por el país donde se encontraba y sobretodo por ser de los pocos objetos
vikingos que no se han encontrado en
excavaciones arqueológicas modernas. Se trata por tanto del objeto
vikingo más importante de España.
Su estudio posterior, confirmó que estaba hecha de asta de reno y
posiblemente creada a finales del siglo X. Actualmente es una incógnita para qué fue creada. La cajita cilíndrica, tenia dos piezas metálicas en sus extremos, una de ellas tenía unida una
bisagra que permitía abrir y cerrar la tapa. Ello hizo pensar que
posiblemente fue creada para guardar
algún objeto pequeño, un amuleto por ejemplo. Aunque no deja de ser una mera suposición. Otra teoría dice que, por su tamaño, podría tratarse de una pieza de un juego de
Hnefatafl.
En cuanto al motivo por el que llegó a la corte leonesa, se cree que pudo llegar como botín de guerra arrebatado a las tropas nórdicas en alguno de los enfrentamientos ocurridos en tierras ibéricas o bien puede tratarse de parte de un regalo de
algún monarca de la
península ibérica,
posiblemente musulmán. Otra versión apunta a que podría ser una ofrenda realizada por algún peregrino a San Isidoro y que decidió depositar en la colegiata consagrada a este santo.